Este es un post que tenía pendiente de hace tiempo, y es que ¿Quién que tenga un blog no tiene al menos un post criticando lo que le molesta?, pues bien, este es el mío, y no quisiera hacerlo con críticas fáciles a gente como Arjona o Daddy Yankee, cualquier argumento contra ellos es de sobra conocido, y no creo que pueda decir nada nuevo. En lugar de eso, quiero hablar sobre alguna cosas que ocurren en la música y que, a mi modo de ver, no deberían ser, y que están representadas en un artista cada una.
Cuando los comerciantes hacen música: KISS
Yo soy una persona rara, y como persona rara tengo ideas raras, como que los pilotos vuelan aviones, los escritores escriben libros, y publicistas pues se dedican a eso, a hacer publicidad y vender productos. También pienso -y tengo una extraña costumbre de hacer analogías entre música y comida- que si me compro un pan es por el sabor y la calidad del pan, y no por como se vista o se maquille el panadero. Que la panadería sea un sitio cómodo, bonito o agradable sin duda es un factor, pero si el pan es feo, no lo compro.
Todo esto va a que hay mucha crítica alrededor de artistas que venden más por su imagen, dentro del imaginario colectivo hay una visión negativo de casos como el de Milli Vanilli, y una crítica fuerte a ese tipo de cosas, pero pocas veces se asocia esto con los que, considero yo, fueron si no los impulsores, por lo menos los que llevaron este asunto de la imagen y el marketing por encima de la música a otro nivel.
Ahora bien, no digo que KISS sea una banda mala, mediocre, ni mucho menos, pero es más un ejemplo de mercadeo y ventas, y de emprendimiento, que de buena música, en Internet es fácil encontrar cosas como cepillo de dientes de KISS, condones de KISS, y el hacha de Gene Simmons para Guitar Hero. ¿Es esto lo que uno espera de una banda de rock?. Ahora, musicalmente la banda no es mala, pero tampoco es nada del otro mundo, mientras ellos preparaban el maquillaje para su primer álbum, Queen acababa de lanzar su debut, Rush preparaba el suyo, y Pink Floyd estaba entre “The Dark Side of the Moon” y “Wish You Were Here”; alguna vez escuché una frase -creo que fue en VH1- de alguien que decía: “En los 70s todas las bandas querían ser los Beatles, pero KISS quería ser Coca-Cola”, ¿alguien lo duda?
Para terminar esto, un dato curioso relacionado con la imagen de KISS. Las dos letras “S” del logo se parecen mucho a las conocidas SS de la Shutzstaffel nazi, por lo que, como en Alemania está prohibido todo ícono que represente al nazismo, todos los CDs, productos e imágenes de KISS que se distribuyen en Alemania, tienen un logo diferente:
Y bueno, este blog se trata de publicar y compartir música, y pues esta canción la conoce todo el mundo, y de las de KISS es la que menos me molesta, no sé si tenga que ver con que es el único video que he visto en el que salen sin maquillaje:
Cuando el nombre vale más que el esfuerzo: Andrés Calamaro
Siempre me ha producido curiosidad el por qué nos gusta la música que nos gusta, qué nos influye para escogerla, y sobre todo, qué tan objetivamente escogemos y juzgamos; y por alguna razón, a pesar de que a muchos -muchísimos- de mis amigos y gente cercana les gusta Calamaro, pues yo nunca he podido con el tipo y, un buen día, resolví ser objetivo e imparcial, y darle una oportunidad; uno nunca sabe, a lo mejor es uno el que no ha escogido o escuchado bien. Les contaré mi experiencia.
En primer lugar, decidí que hay canciones de Calamaro que definitivamente no me gustan, la mayoría porque las he escuchado tanto que evidentemente ya no las iba a aguantar, así que decidí buscar algo diferente, aleatorio, algo que jamás hubiera escuchado; cree una lista de reproducción aleatoria en Grooveshark, eliminé las que conocía -al menos por nombre-, y le di play. Lo que me encontré no solo fue concluyente, sino además reafirmó completamente lo que pensaba del tipo, les comparto la canción:
En esta canción me encontré principalmente dos cosas que no tolero: La primera, esa curiosa necesidad que tiene Calamaro de repetir una frase indefinidamente; en este caso es “mis alas se quemaron y caí”, pero hay otras: “palabras más, palabras menos”, “veneno del bueno”, y muchas otras que sin duda un buen conocedor encontrará.
La segunda cosa, sin embargo, fue lo que me hizo darle stop a Grooveshark, y buscar otra cosa para escuchar en mi librería, y fue esta bella rima:
“Hoy no me comí la empanada
tenía todo y me quedé sin nada.”
Es decir, el tipo realmente -con alevosía, diría yo- publicó una canción donde rima “nada” con “empanada”, y la gente critica a Arjona. Una buena amiga, Diana, que espero que esté leyendo esto, un día iba por la calle y encontró un cartel inspirado en la más ilustrada y emotiva poesía Calamariana:
Eso es lo que resume para mí lo que veo en Calamaro, rimas no simples, ni siquiera fáciles, sino mediocres. Los invito a que jueguen un juego, verán que no es necesario mucho esfuerzo, los invito a que construyan rimas de este tipo:
“Te quiero,
me dejaste la cadena, y te llevaste el perro
Te quiero,
te llevaste el cigarrillo, y me dejaste el humero”
Cuando prometes y no cumples: Maná
Al comienzo de este post decía que no pretendía hacer críticas fáciles, y bueno, hablar de Maná a lo mejor lo sea, pero alrededor de ellos quiero exponer un punto en particular, y es que no sé ustedes, pero yo considero que Maná, en algún momento, hace muchos años, parecía ser una banda, al menos, decente.
Mi relación con Maná viene de hace años, debo confesar que de hecho, de niño, escuchaba mucho su música y tuve varios CDs de ellos, que a lo mejor aún estén en mi casa en Medellín, vaya uno a saber. De hecho, había una canción en particular que me gustaba mucho, y que, curiosamente, un amigo hace unos días -hablando sobre los argumentos de este post-, me dijo que también recordaba con agrado:
Esta canción es del primer disco de Maná, el “Donde jugarán los niños?” que luego parodiaría Molotov. Ahí está incluida también “De pies a cabeza”, “Me Vale” y otras muy conocidas de la que era la época tal vez más rockera de Maná, dentro de lo que cabe. En el segundo álbum de Maná, cuando lo conseguí – debía tener unos 10 años -, me encontré con algo que una joya poética que siempre me pareció perturbadora:
“Deja clavarme ya, en la alberca de tus ojos,
deja clavarme ya, en la alberca de tu ombligo,
deja clavarme ya, en la alberca de tu oído”
Cada vez que la escucho, mi cabeza dice como “momento, momento, momento, ¿esto es en serio? ¿dijo “oído”?”, sí, lo dice, y por más que a mí me guste una mujer, jamás en la vida me imaginaré dentro de su oído -lo de los ojos es normal, y la referencia tupamaresca al ombligo, pues la paso-.
Después de esto, pues creo que Maná cometió un error supremamente común -desafortunadamente-, y es el punto que quiero tocar. Maná lleva años grabando las mismas canciones, con letra diferente -y para rematar, cada vez peores-, alguna vez compusieron algo que les funcionó, y que no era tan malo, pero en lugar de buscar mejorar esa fórmula, y tratar de ir cada vez más hacia adelante, lo que hicieron fue exprimirla hasta la saciedad, hasta el absurdo, y en eso han estado durante años.
Cuando la música deja de atacar: Kenny G
Alguna vez en una entrevista a David Cronenberg -Director de películas como La Mosca, eXistenZ o Crash-, le preguntaban por algo curioso que ocurría en una de sus películas, y es que durante las funciones, mucha gente abandonaba la sala; su respuesta fue algo como “Para mí eso es algo bueno, yo hago cine para afectar a la gente, para atacarlos”. Puede que esta no fuera su respuesta exacta, pero sí me dejó una idea muy clara, y es que el arte de alguna manera tiene que afectarnos, generar alguna clase de sentimiento o incomodidad.
Probablemente no mucha gente conozca a Kenny G, y créanme, los envidio, pero seguramente sí lo han escuchado alguna vez, al subir a un ascensor, al esperar para ser atendido en un consultorio odontológico, o precedido por la famosísima frase -en Bogotá, por lo menos- “Música para ejecutivos”, que utiliza cierta emisora para describir su pusilánime colección de música, de música cobarde, sin pretenciones, de música diseñada para no incomodar, para no perturbar; “easy listening”, “música relajante” y otras etiquetas similares le ponen a eso, a la versión de Walter Riso hecha música. Incluyamos a Richard Clayderman, a André Rieu, y a la groserísima “pópera” de Il Divo. Pero entonces ¿Por qué Kenny G?
(Espero que algún día me perdonen por publicar ese video, les debo una, y no lo olvidaré).
La razón para hablar de Kenny G y no de los demás, es que él ha sido el único capaz de dañar un género musical al punto de crear una subdivisión completa, y una escuela de imitadores. ¿Quieren ver uno? vayan a un centro comercial, vayan a un restaurante caro y aparentemente con buen gusto, y encontrarán al inmutable saxofonista de smoking o corbata -siempre usan un saxo alto, excepcionalmente un soprano, es invariable-, tocando “bellas melodías sobre una hedionda pista mal secuenciada”, pidan un plato caro, y disfruten de esa música no incómoda, de esa música que no los agrede.
Y hay gente que aún piensa que eso y nada más que eso es el jazz, no creo que si a alguien le hablan de sonatas para piano piensen en Clayderman antes que en Chopin.
Para terminar
Siempre he dicho que es más fácil ser criticón que crítico, y entiendo que este fue un post cargado de odio y muy extenso, lo tenía entre los borradores desde hace tiempo, y no había podido concretarlo, creo que esto es una muestra de que definitivamente el blog va marchando, perdón si ofendí a alguien -excepto en la parte de Kenny G-.
Finalmente, como les quedé debiendo una por haber publicado ese horrible último video, pues quiero compartir una banda que me gusta mucho, que es precisamente todo lo contrario: música agresiva, música que propone, música que además juega con el lenguaje -Quienes me conocen saben que tengo un crush por los juegos de palabras-, estimados y asumo que infrecuentes lectores, súbanle el volúmen a sus parlantes, audífonos, iPod o lo que sea, les presento a Pink Freud, gracias por leer.

