Los malos momentos en la música

Este es un post que tenía pendiente de hace tiempo, y es que ¿Quién que tenga un blog no tiene al menos un post criticando lo que le molesta?, pues bien, este es el mío, y no quisiera hacerlo con críticas fáciles a gente como Arjona o Daddy Yankee, cualquier argumento contra ellos es de sobra conocido, y no creo que pueda decir nada nuevo. En lugar de eso, quiero hablar sobre alguna cosas que ocurren en la música y que, a mi modo de ver, no deberían ser, y que están representadas en un artista cada una.

Cuando los comerciantes hacen música: KISS

Yo soy una persona rara, y como persona rara tengo ideas raras, como que los pilotos vuelan aviones, los escritores escriben libros, y publicistas pues se dedican a eso, a hacer publicidad y vender productos. También pienso -y tengo una extraña costumbre de hacer analogías entre música y comida- que si me compro un pan es por el sabor y la calidad del pan, y no por como se vista o se maquille el panadero. Que la panadería sea un sitio cómodo, bonito o agradable sin duda es un factor, pero si el pan es feo, no lo compro.

Todo esto va a que hay mucha crítica alrededor de artistas que venden más por su imagen, dentro del imaginario colectivo hay una visión negativo de casos como el de Milli Vanilli, y una crítica fuerte a ese tipo de cosas, pero pocas veces se asocia esto con los que, considero yo, fueron si no los impulsores, por lo menos los que llevaron este asunto de la imagen y el marketing por encima de la música a otro nivel.

Ahora bien, no digo que KISS sea una banda mala, mediocre, ni mucho menos, pero es más un ejemplo de mercadeo y ventas, y de emprendimiento, que de buena música, en Internet es fácil encontrar cosas como cepillo de dientes de KISS, condones de KISS, y el hacha de Gene Simmons para Guitar Hero. ¿Es esto lo que uno espera de una banda de rock?. Ahora, musicalmente la banda no es mala, pero tampoco es nada del otro mundo, mientras ellos preparaban el maquillaje para su primer álbum, Queen acababa de lanzar su debut, Rush preparaba el suyo, y Pink Floyd estaba entre “The Dark Side of the Moon” y “Wish You Were Here”; alguna vez escuché una frase -creo que fue en VH1- de alguien que decía: “En los 70s todas las bandas querían ser los Beatles, pero KISS quería ser Coca-Cola”, ¿alguien lo duda?

Para terminar esto, un dato curioso relacionado con la imagen de KISS. Las dos letras “S” del logo se parecen mucho a las conocidas SS de la Shutzstaffel nazi, por lo que, como en Alemania está prohibido todo ícono que represente al nazismo, todos los CDs, productos e imágenes de KISS que se distribuyen en Alemania, tienen un logo diferente:

Y bueno, este blog se trata de publicar y compartir música, y pues esta canción la conoce todo el mundo, y de las de KISS es la que menos me molesta, no sé si tenga que ver con que es el único video que he visto en el que salen sin maquillaje:

 

Cuando el nombre vale más que el esfuerzo: Andrés Calamaro

Siempre me ha producido curiosidad el por qué nos gusta la música que nos gusta, qué nos influye para escogerla, y sobre todo, qué tan objetivamente escogemos y juzgamos; y por alguna razón, a pesar de que a muchos -muchísimos- de mis amigos y gente cercana les gusta Calamaro, pues yo nunca he podido con el tipo y, un buen día, resolví ser objetivo e imparcial, y darle una oportunidad; uno nunca sabe, a lo mejor es uno el que no ha escogido o escuchado bien. Les contaré mi experiencia.

En primer lugar, decidí que hay canciones de Calamaro que definitivamente no me gustan, la mayoría porque las he escuchado tanto que evidentemente ya no las iba a aguantar, así que decidí buscar algo diferente, aleatorio, algo que jamás hubiera escuchado; cree una lista de reproducción aleatoria en Grooveshark, eliminé las que conocía -al menos por nombre-, y le di play. Lo que me encontré no solo fue concluyente, sino además reafirmó completamente lo que pensaba del tipo, les comparto la canción:

En esta canción me encontré principalmente dos cosas que no tolero: La primera, esa curiosa necesidad que tiene Calamaro de repetir una frase indefinidamente; en este caso es “mis alas se quemaron y caí”, pero hay otras: “palabras más, palabras menos”, “veneno del bueno”, y muchas otras que sin duda un buen conocedor encontrará.

La segunda cosa, sin embargo, fue lo que me hizo darle stop a Grooveshark, y buscar otra cosa para escuchar en mi librería, y fue esta bella rima:

“Hoy no me comí la empanada
tenía todo y me quedé sin nada.”

Es decir, el tipo realmente -con alevosía, diría yo- publicó una canción donde rima “nada” con “empanada”, y la gente critica a Arjona.  Una buena amiga, Diana, que espero que esté leyendo esto, un día iba por la calle y encontró un cartel inspirado en la más ilustrada y emotiva poesía Calamariana:

Eso es lo que resume para mí lo que veo en Calamaro, rimas no simples, ni siquiera fáciles, sino mediocres. Los invito a que jueguen un juego, verán que no es necesario mucho esfuerzo, los invito a que construyan rimas de este tipo:

Te quiero,
me dejaste la cadena, y te llevaste el perro
Te quiero,
te llevaste el cigarrillo, y me dejaste el humero”

 

Cuando prometes y no cumples: Maná

Al comienzo de este post decía que no pretendía hacer críticas fáciles, y bueno, hablar de Maná a lo mejor lo sea, pero alrededor de ellos quiero exponer un punto en particular, y es que no sé ustedes, pero yo considero que Maná, en algún momento, hace muchos años, parecía ser una banda, al menos, decente.

Mi relación con Maná viene de hace años, debo confesar que de hecho, de niño, escuchaba mucho su música y tuve varios CDs de ellos, que a lo mejor aún estén en mi casa en Medellín, vaya uno a saber. De hecho, había una canción en particular que me gustaba mucho, y que, curiosamente, un amigo hace unos días -hablando sobre los argumentos de este post-, me dijo que también recordaba con agrado:

Esta canción es del primer disco de Maná, el “Donde jugarán los niños?” que luego parodiaría Molotov. Ahí está incluida también “De pies a cabeza”, “Me Vale” y otras muy conocidas de la que era la época tal vez más rockera de Maná, dentro de lo que cabe.  En el segundo álbum de Maná, cuando lo conseguí – debía tener unos 10 años -, me encontré con algo que una joya poética que siempre me pareció perturbadora:

“Deja clavarme ya, en la alberca de tus ojos,
deja clavarme ya, en la alberca de tu ombligo,
deja clavarme ya, en la alberca de tu oído”

Cada vez que la escucho, mi cabeza dice como “momento, momento, momento, ¿esto es en serio? ¿dijo “oído”?”, sí, lo dice, y por más que a mí me guste una mujer, jamás en la vida me imaginaré dentro de su oído -lo de los ojos es normal, y la referencia tupamaresca al ombligo, pues la paso-.

Después de esto, pues creo que Maná cometió un error supremamente común -desafortunadamente-, y es el punto que quiero tocar. Maná lleva años grabando las mismas canciones, con letra diferente -y para rematar, cada vez peores-, alguna vez compusieron algo que les funcionó, y que no era tan malo, pero en lugar de buscar mejorar esa fórmula, y tratar de ir cada vez más hacia adelante, lo que hicieron fue exprimirla hasta la saciedad, hasta el absurdo, y en eso han estado durante años.

Cuando la música deja de atacar: Kenny G

Alguna vez en una entrevista a David Cronenberg -Director de películas como La Mosca, eXistenZ o Crash-, le preguntaban por algo curioso que ocurría en una de sus películas, y es que durante las funciones, mucha gente abandonaba la sala; su respuesta fue algo como “Para mí eso es algo bueno, yo hago cine para afectar a la gente, para atacarlos”.  Puede que esta no fuera su respuesta exacta, pero sí me dejó una idea muy clara, y es que el arte de alguna manera tiene que afectarnos, generar alguna clase de sentimiento o incomodidad.

Probablemente no mucha gente conozca a Kenny G, y créanme, los envidio, pero seguramente sí lo han escuchado alguna vez, al subir a un ascensor, al esperar para ser atendido en un consultorio odontológico, o precedido por la famosísima frase -en Bogotá, por lo menos- “Música para ejecutivos”, que utiliza cierta emisora para describir su pusilánime colección de música, de música cobarde, sin pretenciones, de música diseñada para no incomodar, para no perturbar; “easy listening”, “música relajante” y otras etiquetas similares le ponen a eso, a la versión de Walter Riso hecha música. Incluyamos a Richard Clayderman, a André Rieu, y a la groserísima “pópera” de Il Divo. Pero entonces ¿Por qué Kenny G?

(Espero que algún día me perdonen por publicar ese video, les debo una, y no lo olvidaré).

La razón para hablar de Kenny G y no de los demás, es que él ha sido el único capaz de dañar un género musical al punto de crear una subdivisión completa, y una escuela de imitadores. ¿Quieren ver uno? vayan a un centro comercial, vayan a  un restaurante caro y aparentemente con buen gusto, y encontrarán al inmutable saxofonista de smoking o corbata -siempre usan un saxo alto, excepcionalmente un soprano, es invariable-, tocando “bellas melodías sobre una hedionda pista mal secuenciada”, pidan un plato caro, y disfruten de esa música no incómoda, de esa música que no los agrede.

Y hay gente que aún piensa que eso y nada más que eso es el jazz, no creo que si a alguien le hablan de sonatas para piano piensen en Clayderman antes que en Chopin.

Para terminar

Siempre he dicho que es más fácil ser criticón que crítico, y entiendo que este fue un post cargado de odio y muy extenso, lo tenía entre los borradores desde hace tiempo, y no había podido concretarlo, creo que esto es una muestra de que definitivamente el blog va marchando, perdón si ofendí a alguien -excepto en la parte de Kenny G-.

Finalmente, como les quedé debiendo una por haber publicado ese horrible último video, pues quiero compartir una banda que me gusta mucho, que es precisamente todo lo contrario: música agresiva, música que propone, música que además juega con el lenguaje -Quienes me conocen saben que tengo un crush por los juegos de palabras-, estimados y asumo que infrecuentes lectores, súbanle el volúmen a sus parlantes, audífonos, iPod o lo que sea, les presento a Pink Freud, gracias por leer.

 

Herbie Hancock, el pop, y la evolución de la música…

Después de mucho tiempo, por esos arrebatos que me entran a veces, decidí volver a postear en el blog, soy muy inconstante para esto, pero ahora tengo un par de ideas en la cabeza, así que espero tener un poco más de constancia esta vez.

Desde hace un tiempo, con varios amigos, colegas, músicos y entusiastas, hemos venido comentando y compartiendo opiniones acerca de el último video de Herbie Hancock, que no es otra cosa que una versión de “La Tierra” de Ekhymosis, con la participación de Juanes en la voz y Fernando Tobón “Toby”, guitarrista original de Ekhymosis, en la guitarra.

 

 

Quiénes?

Para los que no conocen, no recuerdan, o no identifican a Herbie Hancock, diremos rápidamente que es uno de los pianistas más influyentes en la historia del jazz, y tal vez uno de los músicos más importantes de este estilo que aún siguen vivos,  seguramente quien no lo identifique de entrada, alguna vez habrá escuchado alguna de la infinidad de versiones que hay de sus temas “Watermelon Man” o “Cantaloupe Island” –  esta última recordada por la versión que hizo US3 en los noventas, “Cantaloop (Flip Fantasia)”, que además de ser un punto de referencia para el nacimiento del acid jazz, fue el primer single de oro del mítico sello Blue Note -, en fin, creo que ya sabemos de quién hablamos.

 

 

Y bueno, dentro de muchas opiniones que he escuchado, siempre está la eterna discusión entre los que consideran al jazz como una música de élite, y que no debería mezclarse con la música comercial, o con músicos del mainstream – alguna vez leyendo una crítica sobre la versión de “Black Hole Sun” del trío de Brad Mehldau encontré una explicación bastante convincente al respecto, y es que la música comercial muchas veces es armónicamente muy simple, y no ofrece recursos, ideas nuevas, o retos a la hora de desarrollar una improvisación, cosa que, debo decir, me parece muy válida -, sin embargo, siempre he pensado que la música está al servicio del público y no al contrario, y si echamos una mirada histórica rápida, nos vamos a encontrar con que lo que hoy son estándares de jazz, hace casi un siglo eran los éxitos pop de la época, y que aún desde esa época existía la misma discusión acerca de si la música de las élites cultas se debía mezclar con la música que era considerada vulgar (con mucho más racismo en aquel entonces), y de ahí que hayan aparecido obras como el Porgy And Bess de Gershwin, con la infinidad de versiones que existen hoy en día.

 

 

Y precisamente Herbie Hancock siempre ha estado en ese límite, entre la experimentación con la música popular y comercial, y la interpretación puramente jazzística y académica de su propia música, creo yo que este es el papel de un músico, y aplaudo The Imagine Project como un álbum muy bien producido, lleno de buenos detalles y que ante todo muestra a un Herbie mirando siempre hacia adelante. O no?

 

 

…o no?

La música siempre debe evolucionar, eso es un hecho, y nunca he considerado que una época, o una generación tenga más mérito artístico que otra -eso de que ya no se hace buena música y antes sí no va conmigo-, sencillamente vemos las cosas en perspectiva, y tal vez la música pop de hoy sea la música clásica del próximo siglo, no lo sabemos, y seguramente no estaremos ahí para ser testigos de ello, y precisamente ahí es donde encuentro el punto débil de Herbie Hancock, y una de las fallas que constantemente encuentro en muchos de los grandes músicos de jazz que nos llegan de Estados Unidos y Europa.

Una de las características del jazz, desde sus orígenes, ha sido la capacidad de adaptarse a estilos regionales y sonidos de geografías muy diversas, cualquier músico de jazz debe conocer de sobra la aplicación de estilos como el Bossa Nova, los ritmos afrocubanos, el Tango, el Manouche (o jazz gitano) y el Flamenco, por todo el mundo la música cambia y se adapta, y se va moldeando, la música siempre debe evolucionar, es un hecho.

Y siendo así, aún me parece curioso que ante la oportunidad (y la clara voluntad) de experimentar ritmos y estilos nuevos, Herbie – y muchos otros músicos, principalmente pianistas y percusionistas, colombianos inclusive – sigan utilizando casi como muletilla de su lenguaje la música cubana, y no es que esté mal, pero se ha vuelto casi un cliché para todos los latinos, en lugar de ser un estilo o recurso más, como puede ser el funk o el swing, parte de la formación básica de un jazzista.

Para concluir, pienso y creo que la música debe seguir evolucionando, los músicos deben seguir mirando hacia adelante y buscando nuevas formas de crear, producir y sonar, Herbie siempre ha estado un paso adelante en ese sentido, desde haber sido pionero en el uso de los instrumentos eléctricos, y posteriormente de los samples y las cajas de ritmos, pero creo que aquí desaprovechó una gran oportunidad para conocer y explorar el mundo del jazz con sonidos colombianos, que puedo decir con orgullo, está creciendo con mucha fuerza, aunque todavía no se nos vea mucho desde afuera.

Y respecto al blog, pues gracias a los que lean hasta aquí, intentaré seguir escribiendo, y tal vez lo vuelva un poco más personal, a veces no encuentro suficiente material para hablar puramente de música.

 

Sobre los cambios en una industria.

Hace algún tiempo, encontré en un ejemplar de la revista española Cuadernos de Jazz, un artículo muy interesante sobre el estado de la industria independiente española, puntualmente las tiendas de jazz, y la influencia que Internet y el mp3 han tenido en la distribución física de la música, y me hizo analizar y cuestionar muchas cosas, que aplican a la industria y la producción musical actual en general.

A quien quiera y pueda leer la revista, se la recomiendo mucho, además del artículo en cuestión tiene unas reseñas bien interesantes de muy buena música, pero yo no escribiré hoy sobre jazz.

La paradoja

No hace falta ser muy viejo, ni muy entendido, para recordar algo muy curioso: hace unos años, más de una década ya, cuando la música comenzó a distribuirse comercialmente en formatos digitales, éstos se vendieron como un producto más costoso que los formatos análogos, y aún se hace de esta manera, todos recordamos cómo los CDs eran la novedad, y los cassettes se veían relegados a secciones pequeñas de las tiendas, a artistas poco conocidos, o recopilaciones de baja categoría y grabaciones de mala calidad, y ni qué decir de los vinilos, formato que prácticamente fue pasado a pieza de museo, para coleccionistas, que hasta el día de hoy es apreciado como tal.

Lo contradictorio de todo esto, es que un álbum en larga duración cuesta mucho, pero mucho menos, si se almacena y distribuye en formato digital. Todos hemos comprado, copiado y distribuido CDs aún en cantidades grandes, y sabemos lo engorroso que sería copiar unos 1.000 cassettes. Si consideramos el proceso de prensado de un disco de vinilo, ni hablar.

Entonces, por qué la industria discográfica vende 7 u 8 veces más costoso un formato que le cuesta mucho menos producir?

La distribución en el “mainstream” y el “underground”.

No pienso discutir si la música independiente es mejor o peor que la que se distribuye a gran escala por las grandes compañías, cada persona tiene su propio criterio para decidir si prefiere escuchar a Madonna o U2, o a la banda de sus amigos que tocan en eventos familiares. Y esto es importante  porque de eso se trata: en una industria cada quién consume y compra lo que prefiere, y paga un precio acorde a sus preferencias; si yo debo escoger entre McDonalds y un puesto de hamburguesas en la esquina de mi casa, pagaré un precio de acuerdo a eso, y obtendré algo, cada uno verá si considera justo lo que paga por lo que consume, y si no, no lo hará, así funciona nuestro sistema económico.

Mucho se nos dice de la crisis que vive la industria musical, vimos a Metallica demandar a Napster, a gente siendo llevada a prisión por compartir y descargar música en servicios similares, y tan absurda se ha vuelto la situación, que hoy por hoy, si descubren a alguien robando en una tienda de discos ejemplares físicos de un álbum, seguramente tendrá que devolverlos y solucionado el problema, pero hay leyes que dan 2 y 3 años de cárcel a quienes descarguen música ilegalmente por Internet. La razón del absurdo?, muy simple: los discos físicos los paga la tienda, si los roban probablemente se los cobren a algún empleado, pero con las descargas digitales pierde la disquera y, desafortunadamente, las leyes muchas veces se hacen de acuerdo a qué tanta influencia tiene a quien afecta el delito.

Y cuál es el problema?

Pero realmente lo único que está en crisis es la forma del negocio, no la industria como tal; hoy por hoy la gente consume, escucha y convive con más música que nunca; todo usuario promedio tiene listas enormes de reproducción, nuestros teléfonos, consolas de video y prácticamente cualquier aparato que compramos, tiene música y está diseñado para consumir música, además de las exorbitantes cantidades de dinero que gastamos en conciertos. Entonces por qué la industria pierde dinero si todos invertimos más?

Qué pasa si la gente comienza a fabricar gaseosas caseras, de sabores específicos, y en ocasiones de mejor calidad que la Coca Cola?, pues simple, las ventas de Coca Cola disminuyen y la industria en general de bebidas se debilita, pero eso no quiere decir que sea culpa de que alguien esté regalando Coca Cola por Internet; eso nos da una idea pobre pero aproximada del impacto que puede tener el underground en el mainstream, y pues todos en nuestras listas de reproducción seguramente tenemos un artista poco conocido que escuchamos frecuentemente, tengo la esperanzadora idea de que cada vez es menos la gente que solo escucha lo que ve en MTV.

Y de la calidad qué?

Plata, plata, plata y más plata, de eso nos hablan, y eso es lo que se considera y lo que sale en las noticias. Alguien ha considerado si la música que hoy se comercializa es de mejor o peor calidad que antes?, alguien cuestiona el nivel académico, cultural o el mérito artístico de quienes nos venden?, o siquiera la calidad de la grabación, producción o reproducción de nuestra música?, todo el mundo se entera si la industria crece o no, pero nadie sabe nada sobre si nuestra música y la forma en que la escuchamos progresa de alguna manera.

Y digo esto sencillamente porque al usuario promedio le da igual escuchar su música desde cualquier medio, sea análogo o digital, y cada vez menos tiene la idea de un álbum como un todo, nos importa más la canción de moda que el trabajo completo de un artista, y no es que sea bueno o malo, solamente diferente, y mucha gente lo dice “para qué me voy a comprar un CD si sólo me gusta una canción?”, y el objetivo se ha vuelto ese, componer la canción de moda, la canción que guste, y grabarla, y venderla. Pero entonces? somos oyentes críticos o simplemente escuchamos lo que nos ponen en los medios que nos ponen?, cuántos de ustedes se han preguntado alguna vez si la calidad de un mp3 es peor que la del CD de audio? cuántos han notado la diferencia del sonido? créanme, la hay.

Las casas disqueras y los medios compartidos.

Otro punto bien delicado en toda esta maraña de actores y factores, es el tema de la distribución y la forma en que llega la música a los usuarios, a su público. Algunos utópicos pensarían que toda la música debe ser libre, y creerán en servicios como el de Jamendo, donde cada artista publica sus canciones, y cualquiera puede descargarlas. En este modelo los artistas ganan por los conciertos que den, y consideran los costos de grabación y producción como una inversión. Sin embargo, y a pesar del crecimiento de la piratería, de la posibilidad de cambiar los medios y la distribución, y de que bandas como Nine Inch Nails o Radiohead regalen su producción en Internet, el modelo no cambia, y las disqueras se niegan a desaparecer. Por qué?, muy simple, las disqueras no solamente cumplen el papel de prensar, comprar, vender y distribuir, no; todos conocemos casas disqueras dedicadas a géneros en particular, a públicos en particular, aunque ese público sea el consumidor promedio de artistas pop, ese es un mercado muy grande, pero es un público como todos los demaś.

Y precisamente, de eso se trata, de satisfacer la necesidad de un público, en un mercado donde hay cantidades de músicos produciendo, donde grabar es cada vez más fácil, y donde mucha gente presume de valores artísticos cuestionables, pues es necesario que exista un filtro, que alguien con criterio, cualquiera que sea, decida quién es bueno y quién no, para su mercado o público, de lo contrario, existiría tal saturación de oferta, todos compitiendo al mismo nivel, que todos los oyentes y consumidores de música estaríamos abrumados, y no tendríamos valores o argumentos algunos para decidir.

Existen sin embargo, aunque muy débiles, posibles sustitutos o nuevos “filtros” para el trabajo de las disqueras, particularmente blogs y medios de publicación pequeños, en donde se hacen ciertas recomendaciones de artistas, con criterio, con un público objetivo, y con ciertos valores de apreciación, cualesquiera que éstos sean.

Quiero creer que este es el futuro de la industria, pero antes de llegar allá, tenemos que cuestionarnos, de la misma forma que cuando nos preguntamos por qué un almuerzo, el pasaje de un bus, o un cuaderno y un lápiz, tienen el precio que tienen, por qué la música que nos venden vale lo que vale, y si realmente vale la pena pagar por ella, no es que no queramos hacerlo, solo que es algo que consumimos tanto, y nos venden tanto, que tendremos que empezar a evaluar sus costos, y entender un poco más su mercado.

Por otro lado, me gusta la idea de las disqueras pequeñas, de los filtros con criterio, de los pequeños mercados, al fin y al cabo no todos tenemos el mismo criterio y los mismos valores para escoger lo que consumimos, lo que disfrutamos, la música y el arte que escogemos como propios, eso siempre será subjetivo y personal. Gracias por leer.

Mucho se nos dice de la crisis que vive la industria musical, vimos a Metallica demandar a Napster, a gente siendo llevada a prisión por compartir y descargar música en servicios similares, y tan absurda se ha vuelto la situación, que hoy por hoy, si descubren a alguien robando en una tienda de discos ejemplares físicos de un álbum, seguramente tendrá que devolverlos y solucionado el problema, pero hay leyes que dan 2 y 3 años de cárcel a quienes descarguen música ilegalmente por Internet. La razón del absurdo?, muy simple: los discos físicos los paga la tienda, si los roban probablemente se los cobren a algún empleado, pero con las descargas digitales pierde la disquera y, desafortunadamente, las leyes muchas veces se hacen de acuerdo a qué tanta influencia tiene a quien afecta el delito.

Sobre por qué no iré al concierto de Metallica en Bogotá.

Quienes me conocen lo saben, soy un defensor acérrimo de los conciertos y eventos grandes en nuestro país, siempre he dicho que se debe pagar por un concierto, y por supuesto, que los músicos deben vivir de lo que reciben por sus actuaciones en vivo, y se les debe pagar por ello, al fin y al cabo, es su profesión, y además, como en cualquier profesión, si son sobresalientes de alguna manera, o han aportado conocimiento, ideas o material creativo a su oficio, pues merecen un reconocimiento especial, y seguramente mejores ingresos que el promedio, como se esperaría de un doctor, un científico, o un profesor o investigador de cualquier área.

Pues bien, hace poco nos enteramos con poca sorpresa – y digo poca porque llevaban un par de años sugiriéndonos la idea – que después de 11 años Metallica volverá a ofrecer un concierto en Bogotá, en el Parque Simón Bolívar, y se anunció la venta de boletería por localidades así:

ONE: $360.000
The Unforgiven: $260.000
Enter Sandman: $120.000

A partir de eso, el público sabe lo que pasó, el espectáculo ya tradicional: filas interminables en los puntos de venta, la mejor localidad agotada en un par de horas, reventas, los medios haciendo eco y la gente comentando que no hay plata para tanto concierto.

Bueno, y quién es Metallica?

Cuando se habla de Metallica, los elogios no sobran. Todo el mundo tiene una tía que le dice “a mi no me gusta esa música metálica”, y a nadie le hablan de “esa música iron maiden” ni “esa música black sabbath”; eso ya dice mucho del nivel de recordación y popularidad que tiene la banda. No tiene mucho sentido hablar de sus orígenes, sus cambios de bajista, estilo, sonido, producción y hasta cortes de cabello; eso se conoce de sobra, y que la banda definió el sonido y la forma de prácticamente todas las bandas de thrash y death metal que le han sucedido. Son lo que tanto promotor de conciertos sueña y lo que mucho manager de banda de medio pelo afirma: “una banda legendaria”, “una institución en la música”, “los creadores de un nuevo sonido”.

Pero aparte de todos los elogios, Metallica es una empresa, conformada en principio por 4 personas, y un equipo de trabajo alrededor de ellos. 4 personas, o 4 peludos si se prefiere, que comen, duermen y sobre todo, gastan y necesitan exactamente en la misma medida que cualquier persona promedio. Aquí se pueden remitir al primer párrafo de este post, un músico debe ganar para vivir de su música y sus conciertos, y si es sobresaliente (claramente James Hetfield y compañía lo son), debería recibir reconocimiento adicional e ingresos adicionales. Eso es un hecho.

Cuánto vale hacer un concierto de Metallica?

La respuesta es fácil: mucha, mucha, pero mucha plata. Es algo difícil de medir, sobre todo para quien no está dentro del evento, pero para que nos hagamos a una idea de lo que hay que tener en cuenta, explicaré brevemente el proceso de traer una banda de esa talla.

Primero, la banda, a través de su manager, los medios, contactos o promotores, anuncia una gira, ellos planean una gira por Suramérica y le dicen a los interesados las posibles fechas para sus conciertos, y publican los requisitos para el concierto, y el costo, parecido a cuando se vende una franquicia, ellos dicen algo como “un concierto al aire libre, para 50.000 personas, vale X cantidad de dinero, y el empresario debe garantizar estas condiciones”, condiciones que hacen referencia a muchas cosas, desde equipos de sonido, generalmente con marcas y referencias específicas, potencia, luces, tamaño de la tarima, hasta la cantidad de botellas de agua por miembro, y el sabor de la mayonesa que le echan a los sánduches del refrigerio de los técnicos de luces. Esto es lo que se conoce como un Rider de la banda.

El empresario entonces dice “yo puedo pagar ese concierto, y vender las entradas”, y es él quien corre con los gastos, se encarga de conseguir el lugar, de contratar la logística, pedir permisos con la administración municipal, etcétera, calcula sus costos y finalmente dice: “las 50.000 boletas yo las vendo a este precio, y le gano tanto a este concierto”.

Como decía, es muy difícil medir todos los costos que puede haber en un evento de esa magnitud, más cuando incluímos impuestos, seguros, y posibles demandas si hay algún accidente entre los asistentes. Por todos esos imprevistos, generalmente el margen de ganancia es alto, y pues si no podemos calcular, por lo menos si podemos comparar eventos entre sí, así que adelante, comparemos.

Muchos en este punto dirán “es que Metallica es la banda de metal más importante del mundo”, y seguramente tienen toda la razón, pero da la feliz casualidad de que si existe una banda comparable en cuanto a magnitud, y sobre todo costos de producción, es justamente una banda que tuvimos el placer de ver hace poco, y no una, sino dos veces: Iron Maiden.

Y cómo es Iron Maiden en vivo?

Cualquiera que haya ido a ver a Iron Maiden en Bogotá y le pregunten qué tal estuvo, responderá lo mismo: “una chimba”, pero más allá de eso, hay cosas importantes que vale la pena analizar, y se relacionan con el costo de la producción y el evento.  Entendamos que aunque algunos quieran hacernos creer lo contrario, pues la razón de ser de un concierto, es que uno vaya a ver a una banda tocar, y a escuchar su música, y eso, ante todo, significa sonido de calidad, mucha potencia, y mucha, mucha amplificación. Sucede que para el mismo escenario, con la misma cantidad de gente, pues la potencia seguramente es la misma, así como el consumo de energía derivado exclusivamente de la amplificación, que es lo que más gasta. Ahora, en luces, montaje, tarima y demaś equipos, pues un espectáculo de Iron Maiden si es probablemente más costoso que uno de Metallica; Iron Maiden trajo un robot de 5 metros que se movía solo por el escenario, un montaje escénico enorme en tarima, con escaleras y varios niveles, y adicionalmente cosas como cambios de vestuario, monitoreo especial para que no hubiera ni un bafle en escena, y 2 músicos más que Metallica, lo cual puede no sonar muy costoso, pero implica más personal (generalmente cada músico tiene uno o dos roadies), y más equipos que cargar durante la gira. También vale la pena recordar que alquilaron 5 hoteles en Bogotá, para que los fans no supieran en dónde se hospedaban, y que venían en un avión propio, y otra cantidad de cosas que a la conclusión que nos llevan, es que el concierto de Iron Maiden, no fue precisamente un recital austero ni económico.

En cuando a Metallica, pues el espectáculo puede ser igual de grande en términos de sonido, potencia, amplificación, y seguramente excentricidades y gastos innecesarios por parte de Hetfield y compañía, y si es su dinero, pues allá ellos.

La conclusión

El punto es, por Iron Maiden se pagó tal vez menos de la mitad de lo que se pagaría en total por Metallica (las boletas costaban 70.000 en localidad general, y 170.000 en una pequeña localidad VIP), por un evento que realmente, puede tener un costo muy parecido, y que demostró ser rentable como para pagar desde los refrigerios de los roadies de Steve Harris, hasta la gasolina del Ed Force One, y tan rentable fue, que al año siguiente Iron Maiden volvió, casi por el mismo precio, y con su “show completo” – en la gira inicial no habían traído el equipo de pirotecnia -. A esto sumémosle la noticia que circuló hace poco en los medios, diciendo que Metallica había subastado sus fechas en Suramérica, en lugar de ofrecer un precio estable a los empresarios. A qué estamos jugando?, a vender música y eventos?, o a llenarnos los bolsillos especulando y mirando a ver cuánto nos puede pagar la gente?. Si el evento vale lo mismo, y si ya nos demostraron que sí se pueden hacer eventos gigantescos, con bandas importantes, con montajes enormes, con grandes cantidades de público, por qué nos siguen cobrando como si creyéramos que toca necesariamente pagar eso? En qué punto dejamos de pagar por el sostenimiento de un músico, por el buen espectáculo que nos venden, y empezamos a pagar por una marca, un símbolo, o la cara de una persona?

El corolario

Finalmente, pues jamás diré que Metallica sea una banda mala o mediocre, en lo absoluto; son los papás del thrash metal, revolucionaron todo el sonido del género, y más que eso, el mercado de la música pesada en el mundo, cosa que hoy estamos evidenciando; y pues querido lector, si ud compró ya su boleta, disfrútela, de seguro no verá un mal espectáculo, si es ud de los que hizo fila y no alcanzó, regocíjese!, invite a su novi@ a salir, alquile una buena película, váyase un puente a algún pueblo, o almuerce caro durante una semana que, en cualquier caso, le sobrará plata. Yo por mi parte, no invertiré un solo centavo en Metallica, si alguien me quiere regalar la boleta, se la recibo, aunque la verdad preferiría un bonito libro y un juego de cuerdas nuevas.  Ahh, y como este blog es de música, aquí les dejo un video de lo que no veré en vivo en Marzo próximo, gracias por leer.